AIRBUS no esta «En manos de CGT»: La plantilla esta en lucha

Una columna publicada en ABC Sevilla muestra su asombro porque ingenieros y profesionales cualificados de Airbus se hayan organizado sindicalmente para defender sus condiciones laborales. Detrás de ese planteamiento aparece un evidente clasismo patronal: como si una titulación, una responsabilidad técnica o una corbata hicieran desaparecer la condición de persona trabajadora

El pasado 28 de agosto, ABC Sevilla publicó una columna de Luis Montoto titulada «Airbus en manos de CGT». Desde el subtítulo —«Ver para creer… Los trabajadores del gigante aeronáutico representados por un sindicato anarquista»—, el texto expresa su asombro ante la posibilidad de que ingenieros, personal técnico y otros profesionales cualificados se organicen para defender colectivamente sus condiciones de trabajo.

Ese asombro no es inocente. Responde a una mirada profundamente clasista: la que reserva la conciencia sindical para determinados empleos y presupone que una titulación, una responsabilidad técnica o una corbata deberían convertir a quien trabaja por cuenta ajena en defensor automático de los intereses de la empresa. Como si la cualificación profesional eliminara la relación laboral, la dependencia de un salario o la posibilidad de sufrir decisiones empresariales que deterioren derechos previamente conquistados.

Por cierto, la columna ni siquiera denomina correctamente a la organización a la que pretende descalificar. CGT es la Confederación General del Trabajo, no la «Confederación General de Trabajadores».

La plantilla decide, no CGT

Airbus no está «en manos de CGT», ni de UGT ni de ÚTIL, las otras organizaciones convocantes de la huelga. Han sido las plantillas, reunidas en asamblea y mediante votación, las que han considerado insuficientes las propuestas de la empresa y han decidido mantener la movilización.

En San Pablo y Tablada, las dos plantas sevillanas, el seguimiento fue prácticamente total durante las primeras jornadas. Presentar esa decisión colectiva como una imposición sindical es negar a los trabajadores capacidad para analizar la situación y decidir por sí mismos, especialmente cuando la decisión no coincide con los intereses de la dirección.

ABC afirma que se consiguió todo, pero no lo demuestra

La negociación no había resuelto todas las reivindicaciones. El 22 de agosto, UGT reconocía avances, pero consideraba insuficiente la propuesta de Airbus y señalaba que aún estaba pendiente concretar la recuperación del poder adquisitivo. También seguían sobre la mesa el teletrabajo, las vacaciones, los complementos durante las incapacidades temporales, el control del absentismo, la organización del trabajo, la promoción profesional y las garantías laborales ante los cambios societarios previstos por el grupo.

El 27 de agosto, la recuperación salarial continuaba siendo el principal punto de desacuerdo. Al día siguiente, Airbus planteó recuperar el 7,6 % hasta 2030 y condicionó la continuidad de las conversaciones a una suspensión temporal de la huelga. Era una propuesta negociable, pero no significaba que se hubieran aceptado todas las reivindicaciones.

En cualquier caso, corresponde a la plantilla valorar si el acuerdo es suficiente. Las asambleas no están para ratificar decisiones ajenas, sino para debatir y decidir colectivamente.

Llamar «deslealtad» a la libertad de crítica

El articulo de ABC califica de «clara falta de lealtad» que trabajadores y trabajadoras de Airbus opinen públicamente sobre el funcionamiento de la compañía. También sostiene que en una empresa «sana» nadie critica a la dirección en las redes sociales.

Esta idea refleja una concepción patronal de la lealtad basada en el silencio, la obediencia y la ausencia de conflicto. Sin embargo, una empresa sana no es aquella en la que nadie se atreve a discrepar, sino aquella en la que la plantilla puede expresarse, organizarse y negociar sin amenazas ni represalias. La libertad de crítica no desaparece al cruzar la puerta del centro de trabajo, y la reputación corporativa no puede utilizarse como mordaza frente al derecho fundamental de huelga.

CGT denunció que la dirección había advertido sobre la retirada de cargas de trabajo, el freno a nuevos proyectos, la suspensión de contrataciones y el bloqueo de jubilaciones y contratos de relevo. Durante la negociación también se informó de que Airbus vinculaba la huelga con un supuesto daño a la confianza de los clientes y al futuro de determinados proyectos. Culpar después a quienes hacen públicas esas presiones supone invertir las responsabilidades: el problema dejaría de ser la amenaza y pasaría a ser quien se atreve a contarla.

Los Derechos laborales no son privilegios

Los supuestos «privilegiados de Airbus» con un tejido auxiliar «obligado a pagar la fiesta». Es una maniobra conocida: enfrentar a unas personas trabajadoras con otras para que cualquier derecho situado por encima de la precariedad sea presentado como un exceso.

Las malas condiciones de las empresas auxiliares no se solucionan empeorando las de Airbus. Se combaten extendiendo salarios dignos, estabilidad, seguridad y capacidad de negociación a toda la cadena de suministro. De hecho, el comunicado de CGT incluye expresamente a las plantillas de las auxiliares y subcontratas entre quienes deben beneficiarse de la mejora de las condiciones laborales. El conflicto real no enfrenta a la plantilla principal con el tejido auxiliar, sino a quienes producen la riqueza con un modelo que distribuye de forma profundamente desigual sus resultados.

Conviene recordar la situación económica de Airbus. Según sus resultados oficiales, en el primer semestre de 2026 la empresa ingresó 33.176 millones de euros, un 12 % más que el año anterior, y obtuvo 2.243 millones de beneficio neto, un 47 % más. Estos datos no resuelven por sí solos la negociación, pero muestran que pedir una mejora salarial no es un capricho ni ignora la realidad económica de la empresa.

Causalidades sin pruebas y solidaridad convertida en sospecha

ABC abre su columna atribuyendo a una «huelga salvaje» el cierre de Aernnova en Sevilla y a un conflicto laboral la pérdida de actividad del centro de mantenimiento de Ryanair.

En Aernnova, el cierre se atribuyó a pérdidas acumuladas durante ocho años, no a una huelga. Además, el hangar vinculado a Ryanair retomó contrataciones y anunció planes de crecimiento, lo que cuestiona que los conflictos sindicales destruyan necesariamente la actividad industrial.

La columna menciona también, entre paréntesis, la solidaridad de CGT con las personas migrantes de Ceuta y su crítica a las fronteras y al capitalismo. Esa referencia no tiene relación con la oferta de Airbus y solo busca presentar la identidad ideológica del sindicato como algo negativo. Para CGT, apoyar a quienes sufren racismo, explotación o violencia fronteriza forma parte de su carácter internacionalista y de clase.

La corbata no borra la conciencia de clase

Lo que parece incomodar a la columna de ABC no es solo que exista una huelga. Es que la secunden también quienes, según una visión rancia de las relaciones laborales, deberían sentirse más cerca del despacho de dirección que de sus compañeros y compañeras.

Pero una persona ingeniera también es trabajadora. Lo es quien diseña, quien calcula, quien programa, quien administra, quien monta y quien mantiene. Ninguna categoría profesional convierte los intereses de la plantilla en idénticos a los de quienes deciden unilateralmente sobre salarios, jornadas, derechos o cargas de trabajo.

Airbus no está en manos de CGT. Airbus funciona gracias al trabajo colectivo de miles de personas, y son ellas quienes tienen derecho a organizarse, discutir las propuestas y decidir hasta dónde llega su movilización. Si finalmente hay acuerdo, será porque la negociación dé una respuesta suficiente. Y si la plantilla mantiene la huelga, no será por inmadurez ni por deslealtad, sino porque la dignidad laboral no se entrega a cambio de una reputación corporativa.

La corbata, por fortuna, no ha conseguido nublar la conciencia de clase.

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